La Universidad de Martin Cid

Martin Cid
Martin Cid

Llegué después de leer el Dr Faustus y me esperaba a gente hablando de Schelling y cosas por el estrilo y… casi que me iba al bar después de ver aquel espectáculo lamentable. Fui a clase tres meses por ver lo que allí se cocía… y luego descubrí que estaba mejor en el bar, cociéndome. Conocías chicas, chicos, perros no había, no… y como me había leído los libritos… pues empecé a escribir trabajos a cambio de juna botella de whisky, de vinos… lo que fuese. Me servía para practicar el cambio de estilos, emborracharme y hacer amigos. Luego tenía dinero para fumar y para salir por la noche, aunque fuera de vinos. Vamos, lo importante en la vida.

Con diecinueve años ya había escrito una novela (que ni intenté publicar) y tenía una falta de respeto total por las leyes, la democracia y demás. Ojo, si no insultaba a la poli (eso vino después, en mi época alcohólica, jeje) ni me portaba mal: saludaba y eso, pero lo del conocimiento y la Universidad no me lo creí en ningún  momento.

Así que me pillaron jugando a las cartas (en fin, estaba todo el mundo) y se supone que por eso ya me expulsaron y tal (o eso dijeron). La verdad es que apareció un jerfalte que se creía la reencarnación y yo llegaba con mi tablero bajo el brazo (después de una noche de juerga en casa de un amigo) y el tipo me dijo que si jugábamos. Resaca arriba, resaca abajo… total, que le gano (me suele pasar), el tipo se enfadó y me tomó la matrícula. Desde entonces no me dejaron tampoco jugar al ajedrez en la cafetería porque claro, según sus palabras, aquello era un juego de ‘azar’ (cada cual con sus epítetos).

Nada, que me cambié a la pública y allí, como no conocía a nadie y tampoco iba a clase porque me quedaba muy lejos (había un bar más cerca de clase) pues nada… que la cosa iba con grupitos haciendo trabajitos y ligando (la última parte estaba bien, pero yo de aquellas no ligaba -sí, de aquellas, jeje-). Y nada, que lo dejé para montar una revista con unos amiguetes de juerga.

Y ya sabéis lo que eran las juergas en aquella época: que si esto, que si lo otro, que si terminas a las dos de la tarde del día siguiente, que si no vuelves a casa. Vamos, todo intelectual.

Ah, por cierto, por aquellas ya había revendido entradas en un Madrid – Barça. Había salido por la radio, en la contraportada del ABC, en la portada del Marca y del As. En fín, lo típico a esa edad.

Claro, con diecisiete pues… ¿un chupito, no?

Entre medias hice una película y hasta saqué dos matrículas de honor (sí, ni yo me lo creía). A clase no fui mucho pero conocía a los profesores en la cafetería y, como siempre he ido de traje y me servían los copazos sin esperar, pues les caía bien a los profesores y nos tomábamos un algo hablando de Historia y demás. Una vez, presento al examen de Historia sin haber ido ni una sola vez a clase (claro) y nos miramos el tío y yo y nos reímos: ¡Anda tú!

No fue por trato de favor ni nada, pero me preguntaron el marxismo y no sé que otra estupidez así que hice un buen examen, pero vamos… no por haber ido a clase.

Otra vez que también aprobé… Historia del Periodismo y con nota. No tenía ni puñetera idea, pero eso sí… había visto Ciudadano Kane y al profe le gustaba el fútbol y llegó media hora tarde al examen (no, si aquello no era serio). Yo le digo:

-¡Hombre, que juega el Barcelona en media hora!

El tío se ríe y nos hace una única pregunta: William Randolph Hearst. ¡La única que me sé! Yo ahí aprovechando a rellenar mi nombre y el tipo se me acerca y me pregunta:

-¿Y contra quién juega?

¿Pues qué iba a hacer? Ya le cuento que era contra el Leeds y tal… nos ponemos a hablar y ya se me va la hora y yo sin rellenar nada. Y me dice.

-¿Pero tú sabías quién era éste?

Y ya le cuento un poco (la película) y me dice:

-Anda, vete.

Total, un notable… porque yo lo valía.

Fue una época muy importante en mi vida que aprendí sobre el conocimiento y cómo funcionan las instituciones españolas.

Y lo dejé.

Estaba harto y ya dije que lo había dejado en los últimos cursos (ni idea, porque aquello era un caos, entre otras me matriculé en hebreo bíblico, en fin). Yo seguí dale que te pego al whisky (que me interesaba bastante más que las mujeres) y unos amiguetes y nos metimos a hacer una revista, con la mala suerte que el que tenía que encontrar la publicidad terminó en la trena porque encontró métodos más rápidos para ganarse la vida (ojo, yo no tengo nada en contra de ninguna substancia, no soy papá).

Así que me retiré a mi mundo con mi ordenador y me metí en lo del streaming e idee una plataforma de vídeos de fútbol. De aquellas ya iba con servidores dedicados y tal, y cada uno me costaba 40.000 pesetas (que era una pasta, casi un salario mínimo). Hacía cobros por tarjetas cuando casi no había pasarelas de pago y todo esto en inglés y español (por cierto, mi nivel de inglés no es de Oxford, pero ya os contaré, que luego tiene más guasa aún).

Al final, en cuanto empecé a ganar algo de pasta, me vino cierto grupo editorial muy importante (no puedo nombrar cuál) y me dijo: Marrtin, a cerrar el chiringuito. Y vamos, Martin casi se orina encima y claro, cierra el chiringuito, se va al cine y se toma un periodo de reflexión (y copas). Sigue con esto de internet, pero decide que va a sacar libros, volverse un tío formal, creyente y religioso…

Vamos a poner musiquita, que es más entretenido:

 

Bueno, que sigo un poco y que salgo por ahí y claro… llega el cruel momento en el que alguna, de cachondeo, te dice que sí.

Índice de Biografía de Martin Cid

1.- Introducción
2.- Infancia
3.- Juventud
4.- La Universidad
5.- Diez Años de Relación
6.- Y Desde Entonces