Infancia de Martin Cid

Martin Cid
Martin Cid

Pues podría preguntar por ahí, pero cada vez que (sin hacerlo) me cuentan alguna siempre es algo humillante que, sinceramente, no quiero que nadie conozca.

Nací en una ciudad del Norte de España (por si les interés, se llama Oviedo). Clarín la hiz famosa por La Regenta, pero por resumir: una ciudad de provincias en la que le gente iba muy preocupada por sus ropas y de lo que digan los vecinos. Nunca me gustó mucho eso.

Tenía abuelos y tal y me trataban más o menos bien. No me quedé traumatizado ni nada y me hacían llevar el pelo corto. Eso sí, me compraban cigarrillos de chocolate y me decían eso de:

-Cuando seas mayor ya fumarás de verdad.

Claro, con esas perspectivas, uno deseaba hacerse mayor. También mis dos abuelos me hablaban de las maravillas del tabaco, que servía para todo. Por ejemplo: cuando te dolían los dientes, te echabas un cigarrito y la cosa se aliviaba. Los dos lo habían dejado porque se lo habían dicho los médicos.

Mi conclusión de niño:

-Pues deja de ir al médico.

Claro que ahora de mayor opino igual.

Estudié en un colegio de estos de la época. Era zurdo, pero me dijeron que eso no podía ser y me hicieron escribir con la derecha y tal, pero en el fondo sigo siendo zurdo. Eso sí, tengo una letra de pena y nunca la pude mejorar.

Nunca fui popular u jamás me eligieron como delegado, gerente o ponente. Más bien trataba de pasar desapercibido mientras intentaba llamar la atención a ver si hacía amigos, pero nada. Resumiendo, que ya era rarito.

Era un colegio simpático, con  bosque y muy grande. Creo que era de monjas, o de curas, no sé. Ya de pequeñito era más ateo que el Papa, así que todo aquello de Jesús me parecía de alumnos ‘pelotas’ a los que no soportaba.

Total, que mis padres se fueron al extranjero a buscar fortuna y gloria y allí más o menos igual, pero esta vez es que encima tenía acento y seguía siendo igual de antipático y no… caía bien. Total, que amigos cero. Vivíamos bien, eso sí. Supongo que todo me parecía muy grande en aquel entonces por eso de ser pequeño.

(Joer, qué bien resumo y me lo salto todo).

Luego volvimos a España por uno de esos ‘corralitos’ en el que nos quedamos sin un duro (allí eran los ‘bolos’, que cada uno valía una pasta). Teníamos ordenador, vídeo y demás avances que en España no habían visto ni en los dibujos.

Total, que volvimos a España y en el colegio… pues siempre me toqué las narices de una manera coordinada y no estudiaba nada. Me ponían deberes y no los hacía porque me cascaban un cero y me bajaban la nota. Total: que para que me suspendieran por la letra… pues a tomar viento.

Me dejaban siempre una hora castigado con el director, al que al final le caía bien. Como no era desobediente, me dejaba allí mientras (jeje) hacía los deberes. Ni deberes ni leches. Luego se supone que volvía a casa y tenía que hacer más deberes… Y me acostumbre a mentir como un bribón.

-¿Has estudiado? ¿Has hecho los deberes?

¡Ni de coña, claro! Pero yo decía que sí y si tenía ganas, pues me leía el puñetero libro antes de entrar y a ver si había suerte. Siempre quise tener un perro para echarle la culpa, pero no hubo suerte y… hacía un chiste, lña gente se reía, pero el profesor se enfadaba y me ponía como un mal ejemplo.

Reflexión: tanto deber era para no dar clase, porque así llenaba cuarenta y cinco minutos de la hora. Que éramos pequeños, pero nos dábamos cuenta.

Luego no es que resultara tan antipático, exagero, es que los pelotas del profe me caían mal y me hacía amigo de los ‘balas’ y, claro, me echaban a mis amigos todos los años por malos estudiantes (yo es que debía ser muy guapo, jeje -anda, dejad que me lo crea).

Así pasaron los años, me aburría, me regalaron un ordenador, me dediqué a hacer juegos en plan pequeño (eran en Basic, una cutrería, era de una cabeza que pegaba botes, aunque luego los compliqué un poco).

Luego las cosas cambiaron, llegaron los ordenadores más grandes y bueno, aquello era otro mundo y decidí dejar tanta revista de programación (que según ellos no era para mi edad) y socializarme.

Total: que no lo conseguí ni de coña, pero me aficioné a las telecomedias, que al menos eran más ocurrentes que las diatribas sobre los panes y los peces. De aquellas no conocía la fórmula que se usaba, hoy sé que se llama Consentimiento Universal, que se resume en que… si todos los hombres han pensado en Dios, es que existirá. ¡Toma! Y lo llamaban filosofía. Las cinco vías tomistas también me parecían dignas de empezar a tomar drogas, pero de aquellas no hacía estas metáforas tan recurrentes.

Me hacían sacar un siete porque los deberes valían dos puntos y claro, yo siempre empezaba con menos dos. Se quejaron, llamaron a mis padres… pero yo seguía sin hacerlos. Odiaba especialmente la gimnasia (no educación física, llamo a eso gimnasia) y el dijo (no plástica, sino Puto Dibiujo de Mierda). Era tan malo en la gimnasia que los profesores creían que me burlaba de ellos .

A mí no me salía de las narices hacer algo que se llamase ‘mortal’. Vamos… que se si se llama mortal, por algo sería. Y en el dibujo tres cuartas de lo mismo, que no me daba lña gana porque era muy malo y no intento las cosas que se me dan mal (qué sabio era, de mayor con las mujeres lo seguí intentando y así me fue).

Cuando tenía dieciocho jugaba a las cartas, fumaba, bebía y sabía jugar a casi todos los juegos conocidos y de una manera aceptable: desde cartas, a billar, ajedrez y lo que me echasen. Lo de usar la cabeza, bien.

A los diecisiete me dejé crecer el pelo porque me gustaba y porque ya sabía entonces que yo lo valía.

Índice de Biografía de Martin Cid

1.- Introducción
2.- Infancia
3.- Juventud
4.- La Universidad
5.- Diez Años de Relación
6.- Y Desde Entonces

Obras

Cañitas y Tapeo. 10 Historias "Casi" Románticas. De Martin Cid Muerte en Absalón. Martin Cid Madrid - Barcelona, Los Siete Partidos que Marcaron mi Crisis, de Martin Cid Los Siete Pecados de Eminescu. Martin Cid Desde el Vientre de la Sirena. Avance. De Martin Cid Grandes Autores de la Literatura, de Martin Cid Ariza, de Martín Cid e Isabel del Río Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción. Martín Cid Relatos. Martin Cid Sombras, de Martin Cid El Jugador ante el Espejo, de Martin Cid https://www.martincid.com/wp-content/uploads/2019/08/portada_def-150x150.jpg