Pablo Ángel Sánchez se afianza como escritor con una obra de ficción magnífica y de una gran investigación histórica

Pablo Ángel Sánchez lleva tras de sí un gran equipaje lleno de experiencia literaria. Un recorrido por el mundo narrativo que se confirma con su quinta novela Vaticanus: la carta del Leviatán. Una reflexión muy representativa sobre el poder de la Iglesia y su consiguiente manipulación acerca de la verdadera figura de Jesucristo.

«Jesús fue una persona extraordinaria, pero nunca tuvo la presunción de ser Dios, fue un hombre de carne y hueso, y nadie debería excusarse por expresar en alto tal evidencia. La historia está ahí, a la mano, y todo el mundo tiene acceso a ella».

La trama comienza cuando el cadáver del Cardenal Bonelli es hallado de manera repentina en Roma. ¿Cuál ha sido la causa de tal desenlace? Todo apunta a un manuscrito antiguo que ahora está en manos de Enrico Letta, un fiel amigo del fallecido.

Se trata de un texto imprescindible y peligroso para la Santa Sede: una carta maldita que escribió José de Arimatea a Jesús. ¿Cuál es el contenido de la misiva? ¿Por qué es una amenaza para la Iglesia Católica? El cometido de Enrico será entregarle este réprobo texto al protagonista de la historia: el padre Florentino. Un cura poco convencional muy interesado en la parte más histórica y fehaciente de la vida de Jesús.

«Los hechos históricos narrados en esta novela, es posible que se hallen más cerca de la probidad que los expuestos durante centenas de siglos por el cristianismo en general desde el concilio de Nicea del año 325 d. C., hasta hoy».

Lo que el padre Florentino no sabe es que al ser poseedor de la Carta del Leviatán su vida correrá peligro. ¿Será suficiente su fe para salvaguardar la verdad? ¿Conseguirá escapar de los altos mandos de la Iglesia?

En esta novela, el autor se centra en la documentación arqueológica, antropológica e histórica que existen sobre Jesús. Persigue un llamamiento a la veracidad y a la objetividad donde el concepto de fe pasa a un segundo plano para mostrar una versión que puede que no esté tan alejada de la realidad como se piensa.

¿Fue Jesucristo ese ser celestial lleno de bondad que obraba milagros por todo Oriente? ¿O fue más bien un personaje que solo tuvo la creencia de hacer el bien y de compartir la verdad?

«La humanidad se ha visto involucrada en una mentira colosal de carácter sacerdotal, no divino, aunque la Iglesia cristiana pretenda confundir ambos términos en la mente de todos».

Es por esto por lo que Vatinacus: La carta del Leviatán, la cual es la segunda parte de una trilogía, es también una lectura que enriquece tanto por su argumento como por los hechos que aporta el autor.

Y no es fácil escribir una obra de este calibre, con una exigente investigación detrás. Tampoco es baladí que todo ese estudio sobre la figura de Jesús llevado a cabo por el escritor, además, resulte placentero e inquietante.

«Ha sido un proceso arduo y muy exigente, para corroborar aspectos esenciales decidí leer todos los concilios, desde el de Jerusalén en el año 50 d. C., en adelante —sorprendentemente, Jesús asistió a alguno de ellos—. Este hecho por sí mismo, confirmó algo que ya pensaba: la manipulación constante de la Biblia en todo tiempo».

Con un estilo fluido y con un lenguaje muy enriquecido, Vaticanus: la carta del Leviatán es una obra que hace palpitar con las escenas de intriga que se desarrollan en cada capítulo. Así como por su argumento: una trama llena de confabulaciones, mafias, asesinatos y un sinfín de hechos que contagian al lector de manera incesante. Una narrativa que agarra y cautiva página tras página, digna de los mejores títulos de misterio que no puede faltar en ninguna estantería.

Un libro que atrapa y entretiene a partes iguales dejando al lector asombrado hasta el punto final. Vaticanus: la carta del Leviatán promete ser parte de una trilogía que, lejos de ser controvertida, arroja claridad entre una sociedad que vive, quizá, a oscuras.

«El cristianismo, del mismo modo que otras religiones de carácter mayoritario en nuestra época, ya han vencido, nada debe preocuparles, salvo una cuestión trascendental: cuando Jesús fue crucificado, estas religiones no existían».

«Esta obra es ficción, pero nos insta a querer saber más, a explorar más allá de una verdad edulcorada. Pero, sobre todo, es una novela muy bien escrita que se engulle y se disfruta».