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Red de Sombras: Áurea L. Lamela regresa a la literatura detectivesca

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Red de Sombras, de Áurea L. Lamela
Red de Sombras, de Áurea L. Lamela
Red de Sombras, de Áurea L. Lamela

Un emocionante thriller protagonizado por su ya consagrado detective Zalo Alonso, quien tendrá que enfrentarse a una intrincada trama criminal

Después de Nadie sabía (2012), Buena gente (2014) y Sin criterio (2016), Áurea L. Lamela revive a su brillante detective Zalo Alonso para enfrentarlo a una de las historias más complejas que haya visto antes. Y es que la novela Red de sombras dobla en atrevimiento a sus predecesoras: la autora ha compuesto una compleja narración donde la prevaricación y la corrupción, el robo de bebés y la trata de personas conforman un grotesco panorama terriblemente realista.

Todo comienza con la investigación del aparente suicidio del psicólogo Rafael Parga, uno de los principales imputados en la Operación Oliver, orientada a desenmascarar a los responsables de una trama de robo de bebés. El juez Robles, quien parece especialmente interesado en hundir a Parga y que lleva el caso, aparecerá muerto unos meses después. Ante los indicios de asesinato de ambos hombres, Carmela Archer, la forense que acompaña al detective, empezará a investigar más a fondo con la intención de encontrar aquello que relaciona ambos casos.

Empieza así un juego incesante de mentiras que lanzará a los protagonistas de una hipótesis a otra, una tensión que consigue mantenerse en las casi seiscientas páginas que conforman la novela. Y es que la crudeza de la historia también radica en ese cruce de caminos que Lamela ha creado entre el pasado y el presente, a través de una línea temporal alterada que lanza al lector hacia una cruel historia personal todavía inconclusa y que pone de manifiesto el sufrimiento imperecedero de algunos seres humanos.

Red de sombras es por ello un libro que destripa la psicología del ser humano, tanto de aquellos que defienden la justicia moral como los que la violan bajo pretextos egoístas. No en vano la autora ejerce como psiquiatra desde hace décadas, algo que, según ella misma afirma, le ayuda “a conocer el alma humana, las pasiones, la codicia, y a saber cómo buscamos justificaciones a nuestros actos por más reprochables o dañinos que sean”.

Es por eso que el realismo es atroz, se filtra en cada uno de los gestos y palabras de sus protagonistas. Quizás sea la influencia maldita de los escritores predilectos de la autora, como Henry James, Charles Dickens, Dostoievski, Galdós o Pardo Bazán, quienes ya supieron poner la literariedad de su mente imaginativa a los pies de la verdad del mundo. Pero Lamela también asume las influencias de Ruth Rendell y Donna Leon en sus escritos, autoras reconocidas del género detectivesco a cuyo nivel puede situarse, sin duda, la nueva publicación de esta escritora lucense.

Pero hay más, y es que Red de sombras también muestra un panorama esperanzador en materia de género. No solo con Zalo Alonso, a quien la autora confesó que quería sacar del estereotipado detective sumido en las adicciones y quien le pareció que debía ser un verdadero igual a las mujeres, sino también con las protagonistas de la novela. Ha hecho un verdadero trabajo por la legitimación de la igualdad entre hombres y mujeres, dotando a sus protagonistas femeninas de una fortaleza admirable cuyas dotes intelectuales son en todo momento reconocidas por aquellos que las rodean. Carmela Archer, la forense; Sara, la mujer de Zalo; y Noelia, una tercera en discordia de quien poco se puede decir sin entrar en terrenos pantanosos, son el paradigma del ímpetu del espíritu humano, el cual no sabe de límites entre los sexos.

Red de sombras reconoce la pulsión entre la nefasta realidad, donde ciertos delitos como la trata y la prostitución forzada se ejercen a plena luz del día y bajo el beneplácito de muchas autoridades, y el trabajo al que se lanza otra gran parte de la humanidad por erradicar este tipo de lacras. Áurea L. Lamela se ha acercado a aquellos temas candentes de la sociedad española y los ha vuelto a plantear bajo una narración ágil, crítica y voraz. Sus personajes son su arma para destripar la complejidad del mundo, pero ha sido su capacidad como narradora la que le ha permitido entrar y salir de las sombras con sorprendente éxito.