Última proyección de ‘Vive la Ópera en Sigüenza’ de 2018

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El año musical de esta iniciativa lo va a cerrar Nabucco, de Giuseppe Verdi, en El Pósito, a partir de las 19 horas

Este viernes, a las 19 horas de la tarde, se proyectará en El Pósito de Sigüenza la Ópera, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Temístocle Solera, Nabucco. Será la última proyección del año, de manera que la iniciativa ‘Vive la Ópera en Sigüenza’ cierra a lo grande, con una de las más conocidas óperas de la historia de la música.

Como en cada edición, será Zoila Paradela, aficionada a la Opera y promotora de esta iniciativa, quien introducirá la proyección. Al finalizar, se ofrecerá una copa a los asistentes cortesía de la Asociación de Empresarios de Sigüenza. ‘Vive la ópera en Sigüenza’ es una iniciativa cultural que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Sigüenza.

Nabucco fue estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, el 9 de marzo de 1842. En España lo sería dos años más tarde, en el Teatro Principal de Barcelona, el 2 de mayo de 1844. La versión elegida por Zoila Paradela para esta ocasión fue grabada por la orquesta y coro del Metropolitan de Nueva York en 2002. Los papeles principales del reparto los conforman Juan Pons (Nabucodonosor), Gwyn Hughes Jones (Ismael), Samuel Ramey (Zacarías), Maria Guleghina (Abigail), Wendy White (Fenena), todos bajo la dirección musical de James Levine.

Nabucodonosor, rey de Babilonia, asedia con su ejército la ciudad de Jerusalén, defendida por el rey Ismael. Junto a él se halla Fenena, hija de Nabucco, y enamorada del monarca israelita. La pérfida Abigail, hijastra de Nabucco llega en busca de Ismael, al que ama, pero éste la rechaza a favor de Fenena, lo que despierta su sed de venganza. Entra Nabucodonosor con sus soldados. Al ver acorralado a su pueblo, Zacarías, el sumo pontífice hebreo, intenta negociar con la vida de Fenena. Todo es una farsa, pero Ismael, que no ha sido informado, impide que el plan llegue a buen término. Los babilonios, vencedores, apresan al pueblo judío. Abigail descubre que sus orígenes no son nobles –su madre fue una esclava- y planea con el Gran Sacerdote de Baal destituir a su padre, para luego erigirse en reina y dar muerte a los judíos. Aparece Nabucodonosor y, en un arrebato de delirio, ordena a su pueblo y a sus prisioneros que lo veneren como a un dios. Un rayo del cielo cae sobre él y lo abate, lo que le permite a Abigail tomar el mando.

El gran sacerdote de Baal y Abigail planean la ejecución de los israelitas y obligan a Nabucodonosor a firmar sus penas de muerte, tras lo cual es llevado a presidio. En las orillas del Éufrates, Zacarías conforta a los israelitas mientras esperan ser ejecutados. Desde su celda, Nabucodonosor ve pasar a su hija Fenena camino del cadalso y reza al Dios de los judíos por su salvación. Más tarde es liberado por un grupo de soldados que aún le son fieles y sale camino del templo de Baal, donde van a llevarse a cabo las ejecuciones. El rey babilónico hace su aparición y ordena destruir la imagen de Baal, que estalla milagrosamente en mil pedazos. Entra Abigail, que ha tomado un veneno y agoniza, pidiendo perdón a los presentes e invocando al Dios de los israelitas.

En la primera representación, el temible papel de Abigail fue interpretado por Giuseppina Strepponi –que se convertiría, con los años, en la esposa del compositor-, cuya voz salió perjudicada del empeño. Pese a que la ambientación y algunos recursos musicales de un Verdi todavía joven, puedan parecer trasnochados a veces, pocos son los momentos de la ópera que no causan impacto por su belleza y frescura musical. Aparte del coro “Va pensiero” merecen destacarse las tres formidables arias del bajo Zacarías, “Freno al timor…V’affidi d’Iddio” en el primer acto, “Tu sul labro de’vegenti” en el segundo, iniciada como un airoso y concluida de un modo impetuoso, y “Del futuro nel buio” en el tercero, justo después del famoso coro. También son destacables las tremendas intervenciones de Abigail, coronadas por el aria “Ben io t’invenni”, en el segundo acto, y su dúo con Nabucco en el tercero, así como el aria que interpreta este último “Dio di Giuda”.

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