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Como es domingo y llevo varios días trabajando sin parar, voy a detenerme un momento en un tema que nos atañe a todos: el consumo de alcohol. Y es que la tasa de consumo entre los jóvenes es alarmante y deberíamos terminar de una vez con esta lacra social y no contagiar a los más jóvenes vicios de las antiguas generaciones como el consumo de tabaco o alcohol. Se empieza por eso y luego se cae en otras cosas de las que prefiero no hablar (de ahí a dormir con una jeringuilla colgada y darte cuenta que estás embarazada hay sólo un paso).

Espejito, espejito, ¿quién es el mejor papi?

Se empieza a consumir muy joven, y como algo socialmente permitido. Ahí comienza el error y es ahí donde padres y educadores debemos poner especial encono (con ene, no con eñe). Como padres, además de evitar que nuestros hijos caigan en esto (ya saben vigilando sus amistades, observándoles cuando llegan a casa, hurgando sus mails si podemos), debemos predicar con el ejemplo y no empezar ya por la mañana con un gin-tonic. Es cierto que sienta bien y que se quitan los temblores, vale… pero tenemos que evitar que nuestros hijos lo vean. ¿Acaso quieren que terminen como nosotros? Para nada, y por eso el ejemplo empieza en casa y sigue en el colegio.

Lo de las amistades también es importante. Tenemos que hablar con nuestros hijos y que nos cuenten, lograr ser como un amigo a la vez que una autoridad, y por ello nunca debemos consumir alcohol y fumar delante de ellos. Cuando te han pillado con el gin-tonic y el puro y no son ni las doce… deberías sentarte con ellos y hablar, parlamentar sobre lo que está pasando en el mundo y en la Casa Blanca, pedir su opinión y escuchar atentamente lo que un encantador millenial tiene que decirte (sí, llegados a este caso igual necesitamos algo más fuerte, pero controlaros, por favor).

Otra cosa muy importante es el uso del móvil y las redes sociales. Debemos poner un horario estricto para el uso de internet y animarles siempre a montar en patinete (ahora en serio: menudo fastidio los patinetes de las narices o los…). Hay que fomentar siempre actividades al aire libre y que conlleven socialización con otros seres humanos por muy idiotas que nos puedan parecer (uy, ¿he escrito yo eso?). Mens sana in corpore sano (en latín suena todo bien, hasta el genocida de Julio César en plan chuleta cortando los brazos de los pobres galos, y todo por dinero).

Sigamos con nuestros churumbeles que se me va la pinza y son ya muchas horas aquí. Otra cosa muy importante es, en las primeras edades de los niños, hacerse partícipe de las actividades del colegio. ¡Que sepan que no están solos! Los niños deben sentir que pueden confiar en nosotros, sus padres y educadores. ¿Qué pensarían si su padre se pasa la tarde en el bar tomando whiskys y fumando la pipa mientras se pierden todos esos maravillosos momentos de la adolescencia, cuando ese chaval comienza a soltar sus primeras estupideces? Por muy agradable que nos resulte la idea del whisky y la pipa, tenemos que pensar que ese anticonceptivo roto no fue una casualidad, fue obra de algo, llámenle destino, Dios o como les convenga (pero sin tacos, que nos conocemos, un poco de compostura). Ahora nos toca olvidar nuestros tiempos mozos y probar las mieles de la madurez que, les aseguro, son muchas y apetitosas (más que el vodka con naranja, para que nos entendamos).

Y es que la educación de nuestros hijos pasa por mirarnos al espejo y preguntarnos: ¿qué clase de padre queremos ser para ellos? Observa el espejo por unos segundos y pregúntale sin miedo:

-Espejito, espejito, ¿quién es el mejor papá del mundo?

Si te contesta, deberías dejar de tomar esa medicación que te pone tan contento/a pero que ya te advirtieron que tenía sus efectos. Si no, eres de los nuestros, de las mujeres y hombres y canarios responsables y dite a ti mismo, sin complejos ni divergencias ni dicotomías:

-¡El mejor del mundo!

Tira el porro, regala la planta de María a la que quieres más que a tu mujer, deshazte de las pastillas esas de la felicidad (de las azules también, a estas alturas creo que ya has escarmentado) y prepárate una vida sencilla y feliz al lado de profesores, educadores, curas, médicos y otras instituciones que están ahí para ayudarnos a ser mejores.

Sí, sé que al principio será un poco extraño acostumbrarse a esta vida y que desearás que te atropelle un coche o algo peor, pero piensa que todo esto viene por una razón, y que esta etapa de madurez que ahora ha llegado va a ser maravillosa. Encárala con una sonrisa y piensa en las personas que te quieren, que han apostado por ti (y no sólo en el casino, viciosillo) y cada mañana, en cada desayuno rico en fibra y bajo en calorías, quieren lo mejor para ti.

Senderismo… bici… badminton… equilibrismo sin red… lanzamiento de disco duro (no, eso no)… hay miles de actividades que podemos hacer con nuestros hijos y sentirnos no igual de bien que antes porque reconozcamos que con el whisky no hay quien compita… con ese sabor… su aroma incomparable, su tacto y la suavidad en el roce casi lascivo mientras esas primeras gotas de licor acarician sensuales su garganta, casi como en un eterno primer beso francés.

Lo dicho, que os toca hacer senderismo y ser buenos papás. El resto, que haga lo que quiera, porque vosotros sonreiréis mientras os repetís en el espejo:

-Soy el mejor papá del mundo.

Te sentirás mucho mejor y sentirás que, con gente como tú, el mundo es un lugar donde merece la pena vivir.

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Verónica López
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pues parece mentira que este de acuerdo, pero lo estoy. los papas y las mamas se pasan el dia diciendo a los demas lo que tenemos que hacer para no molestar a su niño/a. imponen sus criterios socialmente.

Maria Wolfe
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ya te vale. no estoy nada de acuerdo con este articulo. unas veces aciertas y otras, como aqui, te pasas

David Prieto
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de acuerdo con maria: se ha pasado. es comico, vale (que se valora), pero en el fondo esta insultando y siendo grosero con padres y madres

Marco Aurelio
Autor

¿Y siempre es así este señor?

Verónica López
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solo cuando se toma un whisky por la mañana. y parece que hoy tocaba

Susana Gil
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Tampoco yo estoy de acuerdo

Verónica López
Autor
Verónica López
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son + liosos que los otros, la verdad