Herman Melville

1
797

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…

Llamadme Ismael.

Cuenta La Biblia que fue Jonás elegido para difundir la palabra de Dios en Nínive. No aceptando tal responsabilidad, decidió huir y perderse en el profundo mar. Una tempestad azota el navío, comprende entonces Jonás que es a él a quien la ira de Dios busca…, es por eso que se arroja al mar y la ballena lo engulle. Cuando deja el estómago del gran mamífero, vuelve como un hombre nuevo dispuesto a difundir la palabra de Dios.

Herman Melville

La gestación de una novela suele ser menos romántica de lo que se podría llegar a pensar desde el exterior (y a veces ha sido sugerido por los propios escritores para extender un poco la memoria). Las novelas se montan en sucesivas re-escrituras, se perfilan como un diamante al que vamos eliminando lo que funciona para que, desde el exterior, se pueda apreciar su verdadera belleza.

No podemos considerar a Melville como el creador exclusivo de Moby Dick (aunque será su obra inmortal), sino como también como un excepcional cuentista (Israel Potter conforma un libro de relatos a la altura de los grandes maestros posteriores). H. Melville virtió en la novela sobre el capitán Ahab quizá todo el odio acumulado por el mundo y sus dioses las ballenas.

Y es que ya el hombre las pintó en las cuevas e incluso adoró a estos grandes mamíferos. La imagen del aventurero perddo que, en busca de la eternidad decide retar al mundo no es sólo sugerente, sino grandiosa y mística. En el Pequod se encuentra también Bartleby con ya su clásica letanía: “Preferiría no hacerlo” (me refiero al relato Bartleby el Escribiente, que se negaba a realizar cualquier tarea que le encomendasen con un lacónico “preferiría no hacerlo”). Kafka confesaría la influencia de este relato en su obra). Pero el Pequod  representa a la humanidad entera… ¿religión? Que nadie dude de nuestras palabras, esta vez caminaremos junto a Ahab porque la caza llegará a buen fin.

Lo dice el profeta.

Breve reseña literario-biográfica de un arponero que espera su presa

Nacido en 1819, Melville era hijo de una notoria familia de Boston. A los 18 años ya era maestro en Pittsfield. Pero el oleaje atraía a este muchacho, y en 1841 se embarcó por primera vez en el barco ballenero Acushnet (que es el modelo del que toma directamente el Pequod de la novela). Sin haber escrito una sola línea, había comenzado a contar nuestra historia.

Hasta 1846 no publica su primera obra (Taipi), se trataba de dos narraciones sobre el mar.. Lluego Mardi… un poco más tarde (en 1951) la inmortal Moby Dick. Israel Potter es un volumen de cuentos que contiene algunos de los más famosos de este neoyorquino.

Muere en 1891… su obra es un fracaso.

Moby Dick

Bebed y jurad, hombre que tripuláis la mortal proa de la lancha ballenera. ¡Muerte a Moby Dick! ¡Dios nos dé caza a todos si no damos caza a Moby Dick hasta matarla!”

En 1839 se informaba cómo un cachalote albino conocido como Mocha Dick había eludido a sus cazadores durante más de cuarenta años. Estos animales eran sagrados para los chilenos… dicen que cuatro cetáceos llevan el alma del muerto hacia el viaje final.

Ahab (de Acab, en hebreo “hermano del padre”). En la Biblia, fue el séptimo rey de Israel, erigió un templo a Baal y persiguió a los profetas de Dios.

Moby Dick es un libro sobre lo que está oculto, sobre la aparente irracionalidad de un hombre que esconde un secreto mucho más potente. ¿Odio tras esa pierna de marfil que la ballena un día le arrebató? El Pequod es la Torre de Babel en el que se confunden las religiones y las procedencias… es un marinero con ganas de aventura. Su nombre: Ismael.

Quiqueg es el eterno salvaje: un cuerpo cubierto de tatuajes en el que yace el espíritu de los gigantes… donde se concentran los elementos, donde mana la vida. Es silencioso, no existen palabras para iluminar la senda hacia el conocimiento. Ya lo dijo Pushkin: “No es mejo el hombre por tener más palabras”.

Tashtego, Fedallah, Daggoo, Pip…, Starbuck completan los personajes principales de una extraña tripulación que ha embarcado para fracasar.

Ahab no parará hasta no ver a la gran ballena blanca muerta.

Dracomaquia: combate de un héroe contra una criatura acuática (un dragón). Ya lo decía Graves: la madre primigenia nace de las aguas y nos entrega su secreto. Ahora alguien ha decidido enfrentarse con algo grande. Su enemigo: Dios.

Moby Dick, de Herman Melville. Descarga Gratis

La historia de Moby Dick es el relato de un alma en busca de su divinidad, su espejo de dios. Ahab emplea palabras y busca motivos, pero no puede llegar a explicar los móviles reales de su viaje hacia el abismo. La verdad, otra vez, está más allá de las palabras. Las referencias mítico-religiosas son constantes en toda la novela (como bien han hecho notar infinidad de críticos -los mismos, con distintos rostros, que cuando se publicó la obra la consideraron aburrida y estúpida-). La lucha del hombre contra la bestia es entendida por Melville como el camino no hacia una sabiduría (como en el caso de Jonás) sino como la huida de la lógica para adentrarse en los más oscuros terrenos del alma.

En el barco suenan canciones y el silencio de  Quiqueg el arponero como resonaban en El Corazón de las Tinieblas de Conrad. Demasiadas similitudes entre estas dos grandes novelas. ¿Qué buscamos en el viaje? Encontramos la respuesta en la obra del polaco: horror. Pero mientras en la obra de Conrad el terror es un eco metafísico, en la de Melville nos topamos con una criatura demoníaca sin rostro ni voz. Es el Dios de la Tanak (el Antiguo Testamento para los cristianos) el que nos acecha y nos persigue. ¿Somos nosotros los que acudimos a su encuentro o es Él quien espera en el océano nuestro fracaso? Es el dios que entrega en anatema las ciudades, es un dios antes de convertirse en único, es el que nos reta y condenó a aquel séptimo rey de Israel y que, encendido de ira, dicta La Ley para unos hombres que no tendrán más remedio que cumplirla.

Moby Dick es un libro sobre  profetas y filosofía. Los personajes reflexionan no sobre el ágora sino sobre la madera mojada de un ballenero. Sí, nos encontramos con los platónicos y con los realistas, con religiosos y laicos…, también con profetas prestados de un mundo mítico que han emprendido su viaje hacia el juicio final que la gran ballena les tiene preparado. Nos preguntamos entonces cuál es el gran pecado de ese hombre que no ha podido olvidar. Dura tres días la cacería del gran monstruo, como tres jornadas duró la estancia de Jonás en la ballena. No, nadie regresará, lo ha decidido el monstruo, lo ha decidido ese Leviatán que un día reinó como Dios verdadero sobre aguas míticas. Son los principios griegos: agua, aire, tierra, fuego. El equilibrio se ha rota: no hay hogar al que regresar amigos míos, ¡venzamos o muramos! ¿Qué tenemos que perder? ¿La vida? ¿Preferís una vida apacible junto a una mujer que no os quiere, junto a un mundo que os desprecia?

“Al fin lucho contigo, desde el corazón del infierno de hierro, por odio te escupo mi último aliento”

Ahab ha vencido, por extraño que parezca. Ahora, al fin, en lucha contra el que le dio vida. La gran ballena se precipita contra el Pequod… el final está próximo… Ahab lanza un arpón y se engancha al mamífero, vuelve al líquido primordial del que surgieron todas las cosas… regresa al caos y al mundo y al secreto de la vida.

-Tú y yo, iguales, sin tu ley… luchemos.

El viaje ha concluido, mueren… pero el cazador duerme ahora con su presa, quizá tranquilo… quizá también convertido en dios.

Y Ahab vivirá en esas maravillosas profundidades donde la sirena Sabiduría reveló sus tesoros amontonados.

avatar
1 Comenta en los hilos
0 Respuestas al hilo
0 Seguidores
 
Comentarios con más reacciones
Comentarios más 'calientes'
0 Autores de comentarios
Autores de comentarios recientes
  Subscripción  
más nuevo más antiguo más votado
Notificación de
trackback

[…] y que va, ya sabéis, de una ballena blanca y de un tal capitán Ahab y que sepáis que el pobre Melville no tuvo éxito en vida y que luego se hizo muy famoso y que ahora, supongo, ya no le vuelve a leer […]