Entre las técnicas de reconstrucción dental que más destacan hoy está la implantología. No es un método nuevo, ni mucho menos, pero en los últimos años está alcanzando mayor popularidad por las ventajas que presenta a la hora de restaurar los dientes de una forma sólida y duradera

Combinada con otras terapias, como la cirugía ortognática, la regeneración del hueso y otras, la colocación de implantes está desempeñando un papel esencial a la hora de devolver la armonía a rostros que han perdido su equilibrio debido a la pérdida de piezas dentales.

Por eso, cada vez más los especialistas consideran que un adecuado procedimiento de implantología conlleva también un abordaje en el plano estético, con el objetivo de lograr lo que se ha denominado la sonrisa perfecta.

¿Pero qué es una sonrisa perfecta? Lo descubre el Doctor Ángel Fernández Bustillo, cirujano maxilofacial especializado en implantes dentales que lleva más de quince años dedicado a esta disciplina. No en vano, es considerado un referente profesional en este campo, sobre el que imparte con frecuencia formación avanzada a otros profesionales.

El Doctor Bustillo ejerce en su clínica privada en el centro de Pamplona, que recientemente se ha trasladado a unas nuevas instalaciones para ofrecer un mejor servicio a sus pacientes.

¿Pueden los implantes proporcionarnos una sonrisa perfecta?
Ante todo, con los implantes dentales intentamos recuperar la salud y la funcionalidad de la boca. Cuando se pierde uno o varios dientes, hecho que ocurre a menudo a partir de los cincuenta años, es necesario restituirlos para no agudizar el deterioro. Pero al mismo tiempo, la desaparición de piezas dentales conlleva cambios estéticos en diferentes partes del rostro que también podemos revertir. El objetivo es que el tratamiento ayude a recuperar la naturalidad de nuestra sonrisa, que es la sonrisa perfecta de cada uno.

¿Y cómo se aborda este tratamiento?
Como especialista, mi propósito es que el paciente vuelva a mostrar su sonrisa natural. Para ello, previamente tenemos que realizar un estudio de la persona en una triple dimensión: física, técnica y psicológica. Hemos de analizar los parámetros faciales, la situación del hueso, el estado de los músculos y el tejido blando. Con ello obtenemos un diagnóstico del tratamiento que hemos de realizar desde el punto de vista técnico. Pero también hemos de considerar los aspectos psicológicos, cómo se percibe el paciente a sí mismo y qué expectativas tiene acerca del proceso.

¿Y qué pesa más? ¿Las conclusiones médicas o la visión del paciente?
En mi opinión, como he señalado, es una combinación de elementos. La edad, el tipo de piel, la potencia muscular, el tamaño de la nariz, de los ojos, o el volumen de los labios, nos marcan el camino. Los deseos del paciente añaden una nueva variable que hemos de tener en cuenta, pero existen unos límites fisiológicos que la subjetividad del individuo no puede ignorar. Por eso, mi filosofía siempre es la de devolver la naturalidad. Si un paciente pretende exceder los límites, el cirujano debe hacerle ver la necesidad de que el tratamiento se oriente a restaurar la armonía natural. La sonrisa perfecta no se consigue a cualquier precio. Más allá de las modas y de los estándares recomendados para cada edad y tipo de enfoque, debemos ser consecuentes con la singularidad del rostro del individuo y del potencial que alberga.

¿Cómo se consigue ese equilibrio?
Recurriendo en primer lugar a las técnicas de diagnóstico y planificación digital, (escaneado intraoral, escaneado 3D, planificación vitural) que nos marcarán el camino que debemos seguir y nos mostrarán el probable resultado que obtendremos. Me parece fundamental que los tratamientos sean seguros y predecibles, para saber lo que podemos y no podemos conseguir. Y que el paciente sea consciente de ello en el momento de aceptar una terapia concreta.

¿Se puede lograr la sonrisa perfecta a cualquier edad?
Más que la edad, lo que determina la viabilidad de determinados tratamientos son los factores de riesgo. Es decir, puede que una persona de sesenta años, la edad más habitual en este tipo de intervenciones, no presente ningún factor de riesgo en su salud para soportar la implantología. Sin embargo, un paciente mucho más joven que padezca diabetes sí puede ver comprometida su salud, o un individuo que ha sufrido un infarto. Hay que valorar cada caso y anteponer los riesgos a los deseos.

¿Se aplican otras técnicas para mejorar los resultados?
Sí, se pueden aplicar, de acuerdo con las expectativas. Manejamos recursos de estética facial que contribuyen a que la cara agrade aún más al paciente. Entre ellas, la corrección de las arrugas, la modificación de la punta nasal, y el aumento del volumen de los labios. Son acciones adicionales que, al igual que los implantes, nunca pueden exceder las fronteras de la fisiología. El cirujano tiene la obligación de advertirlo, y como puede ser en mi caso, negarse a realizarlas si el resultado va a contradecir lo que nos han indicado el diagnóstico y la planificación.

Hemos de ser receptivos tanto a los gustos particulares como a las tendencias de moda, pero sin sacrificar nuestro criterio profesional. Lo que tenemos que lograr es que el paciente termine más sano y, por qué no, se sienta más joven y guapo. Es algo a lo que todos aspiramos.