Después de trabajar como periodista durante más de una década, Ramón Olaso debuta como escritor con ‘Un diván en la playa’, una novela con toques surrealistas y una profunda crítica a la falta de valores que existe en la sociedad actual

Ramón Olaso ha decidido emprender un nuevo camino profesional a través de la literatura. Concretamente, su primer compañero de andanzas es Un diván en la playa, una novela contemporánea en la que el autor reflexiona sobre la situación social, política y económica que atraviesa España.

Pol Milfontes, protagonista del relato, comienza a trabajar en una importante empresa tras haber finalizado sus estudios en Ciencias de la Información. Desde el primer momento, se da cuenta de que algo no marcha bien allí y poco a poco la desilusión y la rabia van despertándose dentro de él. La rutina comienza a mezclarse con flashes extraños que inundan su cabeza como un vinilo que no para de girar y retiene el estrés de la realidad. No obstante, su estado psicológico camina por una cuerda demasiado frágil y esa situación no podrá mantenerse por mucho tiempo…

A través de escenas cotidianas, Ramón Olaso da vía libre a la reflexión en tres líneas interconectadas. En primer lugar, realiza una crítica a la sociedad, sorda, egocéntrica, en la que supuestamente se aprecia lo diferente, pero todo es falsedad. En segundo lugar, está la crítica a la política. En tercer y último lugar, el autor transmite con la mirada de Pol la falta de valores del periodismo, así como la gran frustración personal y profesional que supone sentir que nada ha valido la pena y que ni siquiera estar formado te garantiza un trabajo.

Esta novela de Ramón Olaso ya se encuentra disponible tanto en formato papel como en digital en Casa del Libro y Amazon, respectivamente. Aquí la entrevista que el autor ha realizado para Falsaria Editorial.

Buenos días, Ramón. Hoy presentas la novela Un diván en la playa. A través de sus páginas, se puede seguir la vida de Pol Milfontes, un personaje de psicología muy compleja que se mueve entre dos mundos brutales que no le dejan respirar y cada vez le hunden más. ¿Cuáles son sus temores y aquello que le atormenta tanto?

Sus miedos provienen de la propia sociedad en la que le toca vivir, con la gente que compone ese entramado social, con su carencia absoluta de valores. Esas personas con las que te cruzas por la calle, con las que compartes tiempo y espacio en el trabajo, que respiran el mismo aire que tú, pero a los que su falta de dignidad (de la que no se come, pero se tiene) y su ambición desmesurada (que llevan en su ADN y que ha sido incrementada por unos progenitores que les proporcionan el arma con su forma de educar para que eliminen sin piedad todo aquello que suponga un obstáculo en su camino hacia una fama ficticia) los convierten en monstruos devoradores de enemigos. La falta de dignidad convierte todo en una enfermiza carrera hacia un lugar privilegiado en una escala piramidal que va desde un puesto de cajero en un supermercado hasta los minutos irreales de fama que creen que otorga presentar un programa de televisión en un gran medio de comunicación. Esta es la manzana emponzoñada creada por el capitalismo despiadado en el que vivimos: ser el mejor cueste lo que cueste.

La aparente serenidad de la realidad exterior, rutinaria y mecánica, contrasta con la violencia interna de Pol, canalizada a través de un cuidador de sueños para reflexionar sobre la situación socio-política actual. ¿Tuviste muchos problemas al construir una historia tan profunda en forma y fondo?

No. Yo he visto el mal cara a cara, directamente a los ojos. Nalca 9 Comunicación (nombre jeroglífico, historia real con pinceladas metafóricas) me abrió la puerta del infierno social. La calle hizo el resto con su día a día.

¿Qué rol juegan la música, la literatura y el cine en Un diván en la playa?

Sin música y sin literatura la vida no tiene sentido. Son el refugio que te ayuda a aislarte, el lugar donde creas un mundo alternativo en el que recuperas la paz interior y que te permite ver a los monstruos desde la distancia. El cine, en menor medida, también te abre los ojos.

Siguiendo con esto, ¿qué canciones pondrían la banda sonora a tu vida? ¿Hay alguna cita de algún autor o director de cine que recuerdes especialmente?

Canciones hay muchas, al igual que las citas. Podría nombrar muchísimas, pero necesitaríamos mucho tiempo y espacio, y esto es una entrevista en la que prima la concreción. Tan solo señalar que, cuando entras en una tienda de discos o en una librería, el tiempo se detiene. Y si compras un disco o un libro (después de disfrutar oliendo sus páginas), tu interior se llena de luz. Yo, cada vez que eso sucede, siento un cosquilleo, una felicidad que recorre todo mi cuerpo. No vale cualquier libro o cualquier música. Está claro que cada uno tiene sus gustos, pero dejarte llevar por los 40 Principales o por la novela anunciada por la televisión supone seguir a un rebaño social del que no quieren que te separes. Hay que picar piedra para quitar la capa de lo que todos leen, escuchan o ven porque es lo normal.

Con Un diván en la playa, analizas los principales problemas socio-políticos de la actualidad. ¿Cuál crees que es la mayor mentira que existe en esta sociedad?

La maldad de muchos padres que educan a sus hijos e hijas en la creencia de que tienen que ser los mejores sin reparar en cómo lograrlo. El exceso de ego. Todos son inferiores a sus hijos. Estamos creando un futuro lleno de cachorros sin escrúpulos. En el libro hago referencia a que las madres (no es machismo, es algo vivido en mis propias carnes) ponen en las mochilas de sus dulces retoños, junto con el almuerzo, el puñal con el que empezar a escalar. Las puertas de los colegios o las paradas de autobuses escolares son muy peligrosas; allí se concentra el Mal. La hipocresía también hace mucho daño, aunque es intrínseca a las enseñanzas de los progenitores porque es parte importante de los compuestos de la píldora educacional.

Además de esto, la novela somete a debate a una economía injusta, desigual, donde los estudios no garantizan un puesto de trabajo y unos pocos se llenan los bolsillos gracias al trabajo de la mayoría. ¿Por dónde empezarías a cambiar esta situación?

Gente con valores, con dignidad, dispuesta a enfrentarse al sistema y que no se deje arrastrar por el embrujo de la serpiente del poder. El blanco es blanco y el negro es negro, estés en último escalón o en el primero. El problema es que vivimos en un país de pandereta donde la picaresca (muy arraigada, la literatura ya nos enseñó el camino) triunfa sobre todas las cosas. Si no aceptas sobornos eres tonto; si no colocas a tu familia, saltándote todas las normas, eres muy tonto y mala persona (es un familiar, sangre de tu sangre, aunque sea un inútil); y si entras en ese juego, eres listo porque es lo normal, lo que todos harían, lo que harían los 40 Principales o el libro de moda.

De la mano de Pol, se muestra un periodismo sin valores donde la manipulación es el principio elemental. ¿Qué consejo darías a todos esos jóvenes periodistas que están acabando sus estudios y creen en un periodismo honesto?

Yo les recomendaría que estudiaran otra cosa. En este país, no existe la libertad de expresión ni mucho menos la democracia. Todo es una gran mentira.

Bajo mi punto de vista, el mejor periodismo que se hace hoy en día es el que se desarrolla en Cataluña (sobre todo, en TV3 a nivel audiovisual y en el periódico Ara a nivel de prensa escrita). Las mejores universidades de periodismo también son las de Cataluña. Pero es mi opinión. En Radio 3, de Radio Nacional, también se hace un trabajo excelente.

¿Y cuál es el mejor consejo que te han dado a ti?

No me gustan los consejos. Y no porque me crea mejor, ni mucho menos. Yo decido cuál es el camino a seguir y, si me equivoco, lo hago yo mismo. A la gente le encanta dar consejos gratuitos. Los odio. Lo que deberían hacer es mirarse en el espejo y poner en orden su existencia, que les gusta mucho entrometerse en la vida de los demás cuando la suya hace aguas por todos lados.

¿Cómo fueron tus años de trabajo en televisión? ¿Qué es lo mejor y lo peor que te llevaste de allí?

Fueron unos años (siete) difíciles en los que sufrí mucho, no por el trabajo, que me apasionaba, sino por las continuas intrigas palaciegas. Siempre me iba a casa con la intranquilidad de saber que llevaba la espalda llena de puñales.

Lo más positivo fue conocer a un grupo muy reducido de grandes profesionales que casualmente estaban señalados y apartados por los personajes puestos a dedo que residían en los despachos (qué casualidad, ¿no?) con el puñal y el carné del partido de turno en el bolsillo. Lo peor fue ver la mentira, la absoluta manipulación, así como la falta de dignidad de la gran mayoría de los que pululaban por allí en busca de luces, cámara y acción; en definitiva, en busca de minutos de gloria.

Ahora que tienes Un diván en la playa frente a ti, publicado y listo para sorprender a los lectores, ¿en qué estás trabajando? ¿Continuarás con otra novela?

Ahora, alejado del periodismo, trabajo en una residencia cuidando discapacitados psíquicos.

Tengo terminada otra novela, estoy acabando una tercera y tengo ideas para otras historias. Mi mundo interior sigue en continuo movimiento. Me encanta escribir. Me resulta sencillo, las cosas fluyen.

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