Europa intenta regular a las grandes compañías digitales. Estamos ante un tema conflictivo y no sólo yo. Leo un artículo del señor José Moisés Martín Carretero varias ideas realmente interesantes y de las que nos damos cuenta todos (excelente artículo, por cierto) en el que apunta que las autoridades europeas ‘patinan’ un poco al tratar con las grandes empresas tecnológicas porque, simplemente, no entienden de que hablan y los viejos métodos de regulación ya no valen para estas nuevas tecnologías (son palabras mías, el señor del artículo es bastante más fino).

Se refiere sobre todo el intento de regulación y a la multa a la que se enfrenta Facebook por compartir los datos de Whatsapp (al final lo han intentado arreglar). Una pregunta: ¿se acuerdan de Microsoft? Sí, son los que fabrican el Windows y, si se leen los acuerdos de licencia de sus productos son, cuanto menos, abusivos (y se supone que hemos pagado por el producto, eso de que el cliente siempre tiene la razón… no sé yo).

El tema que yo veo: hay que tener dos carreras. Sí, señores, dos. Estar especializado en una cosa no nos garantiza nada y en el caso de un señor abogado (que lo es, seguramente con un señor título de Oxford que entiende todas las leyes de la Cámara de los Lores, no lo dudamos) pero que no tiene muy claro cómo encender un ordenador no nos puede llevar al buen camino.

El último éxito de la legislación europea fue lo de la política de cookies. ¿Qué es eso? Bien, yo mando a Google mis datos para que los analice y me dé las estadísticas de mis visitas. Total, que eso es un abuso para el usuario porque Google puede vender mis datos o algo así. Total, legislamos: yo, Martín Cid, tengo que poner en mi blog que uso las cookies de terceros y que mando información a Google (ni que lo necesitasen, anda que están esos poco espabilados) y me toca a mí las narices y se las toca al usuario. Al final, la legislación ha perjudicado claramente (y sé que es una chorrada) a las dos partes que no pretendía. Metedura de pata por parte de los legisladores.

Al final, lo que pasó con Microsoft, que tampoco crean que nos causó un cáncer a nadie, que no se asusten demasiado y confíen en las cookies para terceros.