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El reparto del voto está claro a día de hoy y los datos son un poco escalofriantes: Donald Trump no ganó en ninguna ciudad con más de un millón de habitantes. A esto hay que añadirle el gráfico desangelado de las dos costas teñidas de azul y el centro de Estados Unidos teñido de rojo republicano.

El otro día me decía mi madre que no podía llevar la capa porque vivía en un pueblo (en fin, ya supondréis qué haré en mi cita del sábado). Pues esa clase de gente, la que se ríe de ti por no llevar una prenda comprada en unos monumentales grandes almacenes (si no se ha visto América no se puede comprender, y eso que el Toy’r Us de New York es grande pero lo que se puede ver… no te lo puedes ni imaginar), esa gente que, sin usar la palabra redneck (traducido: cuello rojo, es decir, que de tanto estar cogiendo mazorcas se les pone el cuello rojo)… esa gente es la que ha elegido a Donald Trump como presidente del país más poderoso del mundo.

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Siempre he vivido en una ciudad y no, no iba con Donald Trump a pesar de que hablaba de él más que de Hilary Clinton porque me parecía un desatino colosal que pasase lo que ha pasado (y da visitas el tipo, lo siento). Tranquilidad de todas maneras, se va a moderar y Washington tiene una población de casi nueve millones de habitantes así que podemos estar tranquilos.

Pero el dato es desalentador y el método para contabilizar los votos también porque, en el global, Hilary Clinton obtuvo más votos que Trump pero este último será el próximo presidente de un electorado distinto.

Ah, por cierto, el sábado me pienso poner la capa, jeje.

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