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Syriana, de Stehpe Gaghan
Caín y Abel, Rómulo y Remo... Verdades antagonistas y ciertas, dos caminos. Oposición, simetría, orden y caos. Existe un principio filosófico, que Hegel denominó «dialéctica», según el cual el movimiento se genera mediante principios contradictorios inherentes de un movimiento anterior. Curiosa variación artistotélica, que explicaba el movimiento mediante la transción potencia-acto.
La dialéctica hegeliana nos lleva a unas curiosas contradicciones, partiendo del principio aristotélico en el que se basa toda la cultura occidental. De hecho, los mitos parecen confirmarlos. Podemos ver en la antigüedad clásica cómo el papel de héroe y villano conformaba una historia, siempre escrita por el vencedor, una historia surgida de este mismo principio de contradicción. Las cosas avanzan, eso dicen, pero estos principios generadores parecen mantenerse inmanentes en los avatares humanos.
Podríamos entrar en cuestiones meta-literarias, narrativas o políticas, pero el periodismo histórico, si observamos los hechos modernos, siguen este mismo principio de inmanencia contradictoria. Se explican así los hechos de las dos guerras mundiales y los sucesos políticos de nuestro siglo. Antítesis: Comunismo ruso contra capitalismo, anarquía contra democracia, etc...
Los protagonistas eran Aquiles y Patroclo, ahora tienen nombres como John o George, el mismo poso.
Syriana es una película actual sobre este eterno debate. Nos recuerda mucho en su factura el Traffic de Soderbergh en su crudeza y planteamiento, así como en la dirección de actores. Sin embargo, el contenido cambia, y deja de ser un alegato: Syriana es una película brillante que no pasará a la historia (sí lo harán películas mediocres como Titanic en cambio). Plantea interrogantes y mantiene al espectador pegado al asiento, sobre todo a aquellos más avezados en cuestiones de política internacional.
Las similitudes con la magistral obra de Soderbergh no cesan ahí. La construcción de guión sigue parámetros muy similares. Se plantean personajes que no tienen relación entre sí y no la establecerán durante el resto del filme. Como dijo Camus con respecto a la novela: La esencia de la literatura consiste en plantear personajes con respecto a un problema o situación común. No hay mucho más.
Tenemos a un agente de la CIA, un asesor financiero, un príncipe, su hermano, el emir, un abogado y varios magnates del petróleo. Todos ellos se enfrentan en el cenagoso escenario del golfo pérsico y el pulso de poder para controlar tan preciado bien. Contrarios.
Todos luchan por lo mismo en distintos ámbitos: La ambición entendida de diversas maneras. Bob Barnes ambiciona vivir, príncipes que buscan el poder, compañías petrolíferas que buscan dinero, un contable y un abogado que buscan prosperar.
Syriana es una gran película de la misma manera que lo es Apocalipse Now, pero con planteamientos casi opuestos. Mientras que la película de Coppola buscaba en la introspección el camino de la crítica, Syriana lo hace mediante procedimientos directos, Syriana simplemente muestra, sin juicio. No saldremos del cine llorando, aunque hemos visto un drama, pero Syriana logra algo que pocas películas pueden permitirse hacer: Nos hacen pensar.
Y es que Syriana tiene este punto en común con Apocalypse Now. Dice el coronel Kurtz en uno de sus geniales monólogos: No es el cuchillo el que mata, sino el corazón del hombre. Las dos películas miran de frente al espectador y, sin remilgos, le hacen partícipe de la locura. Porque nosotros, como consumidores, somos también culpables indirectos de la ambición, de los asesinatos y de las torturas. No apretamos el gatillo, pero... Miremos por un momento nuestros corazones.
La estructura del filme es coral, dícese varios personajes que llevan su historia y que, juntos, componen el eje del filme. No hay personaje central y es tan importante la historia del agente de la CIA (George Clooney) como la del contable (Matt Damon). No hay elección de punto de vista. Muy buena dirección de Stephen Gaghan quien, al igual que Soderbergh no se deja llevar por melodramatismos ni técnicas fáciles. La verdad, y esta verdad está entretejida en un panal de abejas en la que cada una cumple su cometido.
Sorprendente, antitética, brillante, pero sobre todo: Valiente.
Martín Cid |
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