Martin Cid
 
   
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Aguas

Esta es la página personal de Martín Cid. Se publicarán tanto críticas literarias, musicales o artísticas de cualquier tipo o condición, así como textos narrativos del autor.

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Fdo. Martín Cid

 

Byron
     
 

«Yareah» es la primera de las obras de Martín Cid en las que recurre al tema cabalístico. Toda la estructura está creada siguiendo el férreo mundo de las asociaciones de letras en torno al árbol de la vida. Los cuatro mundos cabalísticos toman forma en una ciudad en formación (Abenarabi, tomada del filósofo en el que se basó Dante para estructurar su Divina Comedia).

La estructura del libro (tan solo la esbozaremos) está formada por cuatro mundos y desarrolla (como en Cien Años de Soledad) la historia de un pueblo. A través de las etapas de civilización, podemos ver los matices religiosos y las edades que el pueblo de Abenarabi (descendiente directo de los cananitas).

El primero de los mundos es el de Azilut (compendio de mitos y creencias de la ciudad, historia religiosa). Para conformar este mundo, el autor se vale de mitos griegos, hebreos y modernos, de tal manera que surge un nuevo sistema de creencias, nuevas y literarias, en los que los personajes de los otros tres mundos se interrelacionan (correlativos al primer mundo matemático-religioso y a los otros tres).

El segundo mundo (mundo de la acción) narra un día en una taberna de Abenarabi. Los personajes no son sino involuciones históricas de los actores en los otros tres mundos (siempre dentro del propio libro, sin recurrir a condicionantes históricos “reales”).

Se completa el libro con el mundo de Beriah (en el que se narra la puesta en marcha de la taberna), y Yetzirah (en el que la protagonista es la ciudad de Abenarabi, en este mundo no interviene ningún personaje).

Visto así, parece algo complicado. Lo es más cuando el autor recurre a la lengua hebrea para crear el complejo de calles y vericuetos (que analiza con todo gusto por el detalle en Yetzirah). El epílogo del libro, incluso reducido en su versión actual, es enorme. Y analiza cada una de las palabras que emplea el lapidario autor para conformar la ciudad (deteniéndose en cuestiones filológicas y las raíces hebras, griegas o latinas de las palabras).

Una última nota: El libro no tiene personaje central y la trama se estructura en torno al bíblico número mil. Son mil los personajes y mil historias, enrevesadas y evanescentes, que se funden en un libro de difícil acceso pero fascinante y distinto.