Martin Cid
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Obras
Novela

"Ariza" 2008. Ed Alcalá.

"Un Siglo de Cenizas", 2009. Ed Akrón.

"El Jugador ante el Espejo". 2010. Ed Akrón.

"Los 7 Pecados de Eminescu". 2010. Descarga Libre.

 
   

Premios
Relato

1er premio narraciones cortas ciudad de Jerez. 2009.

Finalista Primer Cuento Corto Dante Alihieri 2007.

Finalista X Certamen Literario "Café Compás" con la obra Leviatán. 2008

 
   
   

Esta es la página personal de Martín Cid. Se publicarán tanto críticas literarias, musicales o artísticas de cualquier tipo o condición, así como textos narrativos del autor.

NO SE PERMITE LA REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL DEL CONTENIDO BAJO PENA MORAL (pero si se pide diré que sí, y si no se pide... por favor, pongan la url del sitio, se agradecerá con el cielo eterno).

Fdo. Martín Cid

 
Byron
   
 

kk

William Wilson

I

Y comenzó mi eternidad vencida en tus ojos hundidos. Bajo tus cuencas ovaladas de gran rusa murieron mis recuerdos culpables, bella madre y tierna amante, en la estepa interminable de los pastos ausentes..., bajo el sagrado icono de la sublime virgen blanca. Y así era ella, de bellos ojos verdes y largos y negros y sedosos cabellos que caían aceitosos y ligeros sobre sus hombros desnudos. Así era ella, y así fue sólo en el primer instante que contemplé los ojos de la gran heroína trágica, aquellos ojos verdes en los que se perdió éste su amante narrador. En esos tus hombros perfilados sutiles, Adaia Ivanovna, bajo tu rostro de ángel negro lloró tu autor, y sobre el recuerdo de tus labios de sangre y vino y tragedia murió aquel joven llamado Nikolai Andriasevich, por siempre Andriasevich....o penetraba espeso, abigarrado, febril. Su antiguo y suave tacto, el cadencioso compás, se había quebrado. ¡El sabor! Sí, todavía hoy podía recordar el resabio de un cigarrillo cuando el tierno Nikolai Andriasevich caminaba por las calles de Petesburgo, cuando miraba la luna, cuando la miraba teñido de recuerdos, cuando la miraba enamorado. Aquel aroma había desaparecido, pero ya no sentía la añoranza por aquello que había sido, ni siquiera tristeza por lo que había perdido, ya no asaltaban su mente los recuerdos de sus noches con ella. Adaia Ivanovna, mi Adaia.

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Martín Cid