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El viejo
fumador miró el escritorio, estuco: Una pipa, dos cigarros
canarios, tres cerillas, un encendedor, un paquete de cigarrillos
rubios. La elección no era fácil.
Tres de
la mañana. El viejo fumador lucía esmeradas maneras y
vestía cabellos cortados a cepillo, sonrisa.
El viejo
fumador miró, de nuevo, el escritorio. ¿Dónde
estaría la picadura? Apenas quedaba ya un ramillo de tabaco
Balkan, convenientemente guardado en el humificador. Hacía ya
tiempo que se había dejado de fabricar. El tabaco de Latakia
era, a veces, siempre, desdeñado por los amantes de la
picadura inglesa (la más común). Curiosa mezcla de
aromas, combinado de tabaco de Virginia. Si se observaba la mezcla,
se podía ver cómo abundaban los tabacos rubios (sin
duda virginianos) y los toques negros. Nunca existiría, más,
nunca más, una mezcla así: Fuerte, aromática.
Recordaba,
claramente, cómo habían sido aquellos inicios. La
lengua quemada, el resquemor total, un breve mareo. Estaba solo, el
viejo fumador.
Tomó
la pipa, la única que le quedaba. Prefería las pipas a
las cachimbas, sin duda más incómodas cuando se
mantenía la pipa durante un largo tiempo. Stevenson, no
demasiado elegante. Se habían roto una a una, nunca las había
podido dejar esperando las cuarenta y ocho horas requeridas por los
expertos. Lucía la pipa un toque amarillento en la parte de la
boquilla, tiempo.
Un
acontecimiento así requería preparación.
Tomó
la pipa y dos escobillas, la (vieja) petaca de whiskey (Jack
Daniel's, por supuesto). Extrajo la boquilla, negra. Tomó una
de las escobillas y limpió. Tomó la petaca e introdujo
otra escobilla en su interior. Limpió de nuevo, para así
dar ese toque añejo a la bocanada de humo posterior.
Abrió
el humificador. Diez grados, temperatura idónea. Lo abrió
y extrajo, guardado en su viejo envase de tonos en blanco y negro, un
paquete de picadura Balkan Sobranie. Cerró el humificador, de
nogal, como recomiendan los expertos. Depositó la pipa sobre
la cama, las tres cerillas, abrió el paquete de cincuenta
gramos. Aspiró.
Orgulloso,
el paquete exhibía a unas profusas mujeres con el típico
vestido campesino sobre una plantación de tabaco. ¿La
región de Latakia, situada en Siria, fundada por Seleuco
Nicátor? Extraño paquete, ya que el principal elemento
parecía evocar la región de Virginia. El viejo fumador
aspiró el aroma. Fuerte, gastado, seco, un ligero toque a
almíbar.
El viejo
fumador, orgulloso, dispuso la pipa en el interior del paquete. La
técnica de carga de la pipa es sencilla, pero nunca debe
hacerse distraídamente. Tres cargas y presiones sucesivas.
Una: Se carga la primera de las capas con escasa fuerza, para
asegurar el tiraje óptimo. Dos: Un poco más presionada.
Tres: Se completa la mezcla son presión leve (a gusto del
viejo fumador). Esta tercera carga debe ser compacta pero suave, para
facilitar así el encendido.
Todo
estaba listo, últimos restos de un tabaco sirio que ya no se
fabrica. El viejo fumador, solitario, angosto, se sentó en el
sillón, ya gastado. Tomó uno de los fósforos y
prendió la pipa, segura, solitaria.

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