Martin Cid
 
   
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Aguas

Esta es la página personal de Martín Cid. Se publicarán tanto críticas literarias, musicales o artísticas de cualquier tipo o condición, así como textos narrativos del autor.

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Fdo. Martín Cid

 

Byron
     
 

Obra de Martín Cid, escrita en un prolongado período de tiempo. Narra la historia de doce personajes en un día (veintiséis de junio, fecha de nacimiento del autor).

“Perversidad” comienza con un hombre (Hans Castorp, tomado del personaje de Thomas Mann de “La montaña Mágica”) mirando al techo. A partir de este momento, la historia comienza a deteriorarse y los niveles narrativos se bifurcan (de ahí, probablemente, el título de la obra). Es entonces cuando el concepto de “tiempo renuente” (tiempo que se niega a sí mismo) hace su aparición. De forma musical, los personajes comienzan a aparecer, como si se tratara de una sinfonía. Los conceptos narrativos, más derivados del ámbito musical que del literario, se suceden incesantemente y el tiempo (ahora “renuente”) pierde el sentido.

“Perversidad” es la historia de estos doce personajes que acuden a un evento (la ópera Turandot, Puccini). Estos doce personajes representan, cada uno, un grupo de instrumentos de la orquesta, que suceden sus sonidos a través de las quinientas páginas del libro. La narrativa pasa a un segundo plano... Motivos psicológicos, literarios, musicales se entremezclan en la formación de esta “sinfonía con palabras”

La obra es también un decálogo literario (ya expuesto en el prólogo, en el que su autor enuncia la independencia de la literatura con respecto a otras cuestiones sociales). El mundo de la obra retoma el universo creado en “Yareah”, otra de las obras del autor. Lo más original del tratamiento es, sin duda, este punto: No hay referencia histórica alguna, ni tiempo..., la ciudad es una ciudad indeterminada, ni siquiera la estructura temporal se corresponde con la unidad clásica (otra vez el “tiempo renuente”).

Los personajes avanzan y retroceden sin relación aparente (son los “motivos”, como sucede en música, los que dan coherencia a la obra). Para establecer las ligazones literarias, el autor no recure a circunstancias narrativas ni a encabalgamientos basados en la historia, sino que la propia estructura musical desencadena las acciones y palabras.

Estructurada en cuatro movimientos (una sinfonía), “Perversidad” es una obra de difícil acceso por esta carencia de unidad, lo que la hace más cercana a la poesía que a la novela. Sin embargo, y ya hablando desde un punto de vista estrictamente formal, se trata de una novela construida sobre personajes que se interrelacionan.

El libro toma estructuras entrelazadas de corrientes pitagórico-cabalísticas, de tal manera que los personajes definen las ideas cósmicas mediante el concepto clásico (pitagórico) de armonía. Nótese como son doce los personajes, al igual que doce son las notas musicales (cada personaje está narrado de manera independiente, tanto en estilo como en su dimensión temporal). El libro no se define por lo que cuenta, sino por esta estructura musico-literaria (con analogías a Dante, Beethoven, Joyce y otros muchos), cerrada en sí misma.

Extraña en su género y desarrollo, difícil y sencilla (estructura y sentido), “Perversidad” es una obra única por su tratamiento y forma, que retoma conceptos trasvasados del helenismo, que funde tradiciones perdidas, que mezcla la historia de la literatura y que, a través de la música, la libera de su más profundo peso: El significado.