 
Cuarta obra del novelista español Martín Cid, «A través del Espejo» toma el título de la homónima novela de Lewis Carrol (segunda entrega de Alicia en el País de las Maravillas).
Se trata de una obra estructurada en diez cuentos, en los que volvemos a toparnos con temás numéricos y pitagóricos, así como con cuestiones meta-literarias.
La obra conjuga diversas influencias, que se funden en los diez cuentos. Los personajes no son propios, sino que el autor los toma prestados de otras novelas (Fausto, William Wilson y otros). Las referencias a Dostoievsky son constantes y los cambios de estilo notables entre relato y relato.
Todos los relatos guardan, sin embargo, un fuerte nexo común: Es la misma historia tomada desde diez puntos de vista diferentes. Sin embargo, la historia, repetida y vuelta a comenzar cada vez, continúa a través de cada capítulo (y vamos penetrando más y más en el espejo literario de la obra).
La novela comienza con un hombre enamorado de una prostituta, a la que idolatra. Tenemos el omnipresente mito de Fausto (su amor por Margarita) y el paralelo leitmotiv del “conocimiento universal”. Aquí aparece un mefistofélico personaje llamado William Wilson (creado originalmente por el norteamericano E.A. Poe) que parece ser la encarnación de los anhelos primeros. William Wilson decide entonces traspasar el espejo y acceder a sustituit a Wilson en su tarea. El primero de los relatos concluye así: El nuevo y rebautizado William Wilson renuncia al amor de la mujer para lograr el conocimiento universal.
Este nuevo personaje servirá de unión al resto de las historias, en las que aparece universal y quebradizo. La historia en las nueve restantes es la misma: Un hombre que se busca a sí mismo de diferentes maneras encuentra la quiebra moral mediantes los diferentes ardides de este nuevo y heredado Mefistófeles.
El libro está narrado de manera clásica, aunque cada relato sigue un estilo narrativo diferente, de tal manera que se puede establecer, a través de los diez cuentos, relaciones histórico-literarias dentro del propio texto. A medida que los cuentos (relatos) avanzan van ganando en complejidad, hasta llegar al último texto, muy similar a algunos poemas de Borges en su esencia (en el que retomamos el papel de E.A. Poe). Así nos ponemos en la piel de un hombre acusado por las dedudas, el alcoholismo y la literatura, espejo del propio William Wilson, espejo asimismo de Mefistófeles y espejo (también, una vez más) de la literatura y del cuento que, una vez más, se sobreescribe.
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