Finalista Primer Cuento Corto Dante Alihieri 2007.
Finalista X Certamen Literario "Café Compás" con la obra Leviatán. 2008
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Como
ya sucediera con Dostoievsky, el acercamiento a la figura de Tolstoi
nos plantea un esfuerzo, no ya por la narrativa o el estilo (tan claros
como efectivos), sino por la distancia y la paradoja que el
carácter ruso nos plantea. Los pasajes, ahora teñidos de
lirismo, se han tornado grises, las viejas estepas han desaparecido,
los príncipes y mendigos de aquellas tierras se han vuelto
humildes, pugnando por sobrevivir. Sobre las líneas
aterciopeladas de Tolstoi se destila un aroma muy europeo, ese aroma
emanado de Pushkin, la perspicacia de Dostoievsky y algo de la
ironía "sutil" de Gogol. Tolstoi, quizá el más
europeo de los grandes novelistas rusos, está anclado en toda
esta corriente de finales del S. XIX en la que las clases altas, a las
que el mismo Tolstoi pertenecía, dejaban paso al ideal ruso del
campesino.
Resulta un placer escribir sobre algunas personas, y por eso mismo,
resulta gratificante dedicar unas líneas que, de manera
admirativa y agradecida, sirvan como tributo a una de las plumas
más abyectas, sinceras y perspicaces de la historia de la
literatura.
Liev Nikolaievich Tolstoi nació en Yásnaia Poliana, Tula
(Rusia) en 1828, hijo del Conde Nikolai Ilich Tolstoi y la Princesa
Maria Nikolaievna Volkonski. El joven Tolstoi demostró ya desde
temprana edad una sensibilidad superior y un espíritu
crítico algo fuera de lo común. Sin duda, la temprana
muerte de sus padres (tuvo que ser criado por sus tías)
marcaría el carácter sensible y apasionado del novelista.
Ingresó, para cursar Leyes y Lenguas, en la Universidad de
Kazan. No tardaría mucho en abandonarla debido a la creciente
insatisfacción que los métodos de enseñanza le
producían (hay cosas que no cambian nunca). Ingresó en el
ejército y estuvo destinado en el Cáucaso. Plasmó
todas estas aventuras en Sebastopol (1956), basada en sus experiencias
durante la Guerra de Crimea.
A estos primeros años corresponde también la
trilogía formada por "Infancia" (1952), "Adolescencia" (1954) y
"Juventud" (1956). Estas tres novelas, unidas a la correspondencia con
Sonia, nos dan la más fiable información sobre la vida
del novelista (y ensayista).
Vuelve a Yasnaia Poliana, la granja familiar. Allí, fruto de sus
malavenidas experiencias durante su educación, funda una escuela
para campesinos (todo ello muy al estilo de una de las grandes
influencias de su vida: Jean Jaques Rousseau).
En 1862 contraería matrimonio con la que sería una
influencia decisiva en la obra del novelista: Sonia Andréievna
Bers. Junto a ella escribiría las dos obras principales, "Guerra
y Paz" (1869) y "Anna Karenina" (1877). Las malas lenguas hablan de
Sonia como verdadera autora de las novelas (sobre todo de la segunda,
aunque existen versiones que afirman que se circunscribía a
hacer apuntes sobre los originales). Sea como fuere, se trata de uno de
esos extraños casos (¿?).
Sin duda, "Guerra y Paz" forma parte de la primera evolución
dentro de la novelística de Tolstoi. Si bien el fondo se
encuentra ya esbozado en "Sebastopol", el diseño de personajes y
el tratamiento interior de los mismos nos hacen pensar en una
evolución (interior o literaria, no importa) muy importante.
Pero si "Guerra y Paz " conjuga las dos corrientes de manera
prodigiosa, es en "Anna Karenina" donde el autor ahonda más
profundamente en el sentido de los personajes y el "anhelo de libertad"
que ya había esbozado en la primera.
Ambas obras son reflexiones sobre los mismos puntos, enmarcadas en un
contexto social común, si bien la exuberancia de la primera obra
deja paso a un pesimismo mucho más marcado. "Guerra y Paz" es la
exaltación de la lucha por la libertad, mientras que "Anna
Karenina" es la obra de un autor que ha perdido la fe en poder lograr
la libertad.
Tolstoi terminaría sus años (como ya hiciera su
coetáneo Victor Hugo) escribiendo ensayos sobre arte y
espiritualidad (destacaremos "Confesión", escrita en 1882). En
1899 terminaría la que sería la última de sus
novelas, "Resurección".
Liev Nikolaievich Tolstoi moriría en la estación el 20 de
noviembre de 1910, cuando había decidido dejar atrás la
que había sido su vida de posesiones, éxitos y
títulos. Casi centenario, el Conde Tolstoi dejaría el
legado de la la obra realista más perfecta que se ha escrito
hasta nuestros días.
Guerra y Paz
Estamos ante un monumento, una de esas catedrales góticas que se
edificaban sin tener en cuenta el nombre del arquitecto y su
época. "Guerra y Paz" (lo digo yo, lo dice Kerouac,
¿quién no lo diría?) constituye la obra más
perfecta y la culminación (junto con quizá "La Regenta")
de la literatura realista. El molde clásico, nunca definido,
sólo sugerido, toma en esta novela tintes épicos,
melodramáticos, lingüísticos, psicologistas,
antagonistas, republicanos, monárquicos y anárquicos.
"Guerra y Paz", desde su extensión hasta su recreación de
personajes, es una obra ambiciosa y sin freno, quizá la obra
más grande de la literatura moderna (y tal vez de todos los
tiempos).
Tenemos que recordar a Victor Hugo, su manejo de las masas y la manera
pictórica con la que definía los personajes. Separados
por la estepa, la educación y algunos años (pocos), ambos
creadores realizan un cuadro en forma de epopeya de un período
histórico (Victor Hugo hace un fresco sobre Waterloo y Tolstoi
sobre las invasiones rusas de Napoleón). Hay muchos puntos en
común, tanto en tratamiento como en acercamiento a la
psicología de los personajes. Sin embargo, Tolstoi tiene algo de
lo que Hugo carece: "Temperamento ruso". Al igual que sucede con
Dostoievsky, Tolstoi no puede dejar de amar a sus personajes. Los ama
con ternura y afectación, casi melodramático. Es el sino
de los novelistas rusos del XIX. Pero, mientras Dostoievsky es el autor
de los espacios cerrados, Tolstoi es el novelista de los espacios
abiertos, de las casas de campo y de las grandes expediciones por la
estepa, en las que la naturaleza tiene un papel preponderante.
La grandiosidad de "Guerra y Paz" reside, tal vez, en lograr amalgamar
en apenas mil páginas todo un siglo y el cambio latente entre
modernidad y clasicismo. Es la obra que, siendo modelo y enteramente
clásica, antecede los movimientos posteriores (Stevenson Hardy,
James). La acción bélica no es un subproducto de las
motivaciones psicológicas, ni siquiera al contrario. Hemos
leído tantas novelas en las que los actores sólo sirven
para acompañar períodos históricos... "Guerra y
Paz" es grandiosa precisamente por ello: Los personajes se ven abocados
a su propia libertad, la suprema libertad de convertirse en
títeres o verdugos.
Comparar "Guerra y Paz" con cualquier otro texto se hace casi un
"insulto a la inteligencia". La suprema definición de los
personajes (sólo igualada, quizá, en Anna Karenina)
sirven de marco estructural a la guerra de antagonismos que dan
título al libro. La dualidad sugerida es dualidad en el
conflicto y en la calma, y el novelista entiende desde su perspectiva
de alto aristócrata la estupidez de su propia posición.
La obligación del noble era luchar por aquel paraje
inhóspito llamado Siberia que nunca conocería, por las
gentes que viven maltrechas y despechadas. Así, en una
evolución marcada principalmente por el carácter del
príncipe Andrei, las clases sociales se pierden y se amalgaman:
Es el espíritu ruso contra la gran ambición francesa.
Leyendo por aquí y por allí encontré distintas
interpretaciones sobre la novela que, mal común, trataban de
resumir la novela en una frase (sea ésta la que sea): Todas tan
equivocadas como ciertas. De una obra mediocre, a veces, se puede
obtener una conclusión tal vez acertada; de una obra grandiosa
se obtienen mil conclusiones dispares.
El gran acierto de la novela es, precisamente, éste: Los
personajes se disparan sin freno en la lucha. De la calma inicial,
Tolstoi nos lleva hasta el supremo caos del conflicto. Es un conflicto
creado en torno a estructuras y acontecimientos, impreso en la
historia. ¿Son títeres en torno a la idea naciente del
"nuevo imperio"? Libertad, la gran idea, la vetusta entelequia.
Arrastrados al conflicto, el hombre, en ese estadio de aparente
indiferencia, enfrentado al instinto de supervivencia, encuentra el
grito de libertad que se desgarra en el interior.
"Guerra y Paz" es uno de esos textos irrepetibles, tanto por su
extensión como por su tratamiento. Se trata de un poema
sinfónico en el que las partes del texto se integran
narrativamente en el contexto histórico que las enlaza.
Más allá de las creencias sociales del conde, el texto
destaca por la profunda humanidad de sus personajes y, sobre todo, por
la nunca igualada evolución de sus caracteres. Fruto de la
reflexión y el tiempo, es una obra tan perfecta como llena de
defectos, que nunca jamás se hace aburrida y, que, nunca
más, podrá ser repetida.